www.iesalc.unesco.org.ve

IESALC Informa
Boletín Nro. 173



Movilidades estudiantiles y profesionales: Un problema
de múltiples aristas



534.540 graduados universitarios procedentes de América Latina y El Caribe estaban trabajando en Estados Unidos, en el 2000. Para ese mismo año, 1.606.674 expatriados latino-americanos que laboraban afuera estaban altamente calificados. En contraste, la movilidad estudiantil era reducida (146 000 en 2004-2005): se dirigía mayoritariamente hacia Estados Unidos y procedía esencialmente de México, Brasil y Colombia.

Para quién se interesa a las movilidades académicas, esas cifras demuestran que falta mucho por hacer para constituir un espacio latino-americano de la educación superior. Indican que es preciso fortalecer los soportes de circulación académica intra-regional y propiciar que los múltiples programas de intercambio cambien de escala y sean más integrados, para maximizar su eficiencia. Revelan también la dolorosa evidencia que América Latina y El Caribe no han logrado transformarse en espacios atractivos de formación y trabajo, ni para los estudiantes, ni para los profesionales. Lo anterior debería llevarnos a considerar con más cuidado y espíritu crítico los resultados de los procesos de internacionalización, llevados a cabo en las últimas dos décadas: muchas veces ensalzados en el discurso, tienen escasas repercusiones concretas, numéricamente comprobables.

En ese mismo orden de reflexiones, recientemente mucho se ha hablado de la Fuga de cerebros y mucho se ha denunciado el derrame de talentos y la sangría de materia gris. Han sido analizados también profusamente los programas gubernamentales de repatriación y de organización de diásporas científicas. El tópico ha sido mencionado incluso en la Declaratoria Final de la CRES, en Cartagena de India, Colombia, en Junio 2008 como un problema de interés compartido. Sin embargo, carecemos dramáticamente de datos duros sobre el fenómeno. Carecemos incluso de diagnóstico sobre lo que se sabe y lo que se desconoce acerca de los profesionales nómadas, oriundos de la región. En particular, hemos estudiado insuficientemente cuestiones como la transferencia de saberes, la constitución de redes intelectuales de aprendizaje mutuo y, sociales de apoyo en los lugares de origen y destino de los migrantes calificados, el activismo creciente de asociaciones internacionales de egresados universitarios y de profesionales o la hibridación de las culturas laborales.

En lo tocante a la investigación científica, a la cual suele ser remitida la Fuga de cerebros, se requeriría establecer con mayor certeza en qué medida los procesos de formación en el extranjero, la participación en redes disciplinarias deslocalizadas o de procuración de fondos, el trabajo en equipos desterritorializados están modificando los modos de hacer ciencia en la academia, generando nuevos grupos exitosos. Sería preciso indagar si la fuga de cerebros es una pérdida neta o una fuente, quizás reducida pero innegable, de ventajas a aprovechar. De no hacerlo, nos quedaremos encerrados en un discurso circular y repetitivo, apasionado pero poco confiable o científico, sobre un asunto que va para largo.


Por Sylvie Diduo Aupetit



Sylvie Didou Aupetit. Foto: México
Sylvie Didou Aupetit es investigadora de tiempo completo en el DIE-CINVESTAV, en México, y titular de la Cátedra UNESCO sobre Aseguramiento de calidad y proveedores emergentes de Educación Superior en América latina.

E-mail:didou@cinvestav.mx



www.iesalc.unesco.org.ve
Volver