CIENCIA. Los significados de una revista hispano-americana de ciencias puras y aplicadas en su arranque de 1940

lopez ocon

 

Leoncio López-Ocón.

Instituto de Historia-CCHS-CSIC.

Madrid, España.

Las movilidades académicas y profesionales en el espacio latinoamericano, intensificadas en tiempos recientes, tienen una larga historia y han adoptado modalidades diversas. Unas veces se han producido en el interior de la región, en otras ocasiones se han orientado ad extra, hacia el exterior, promoviendo el envío de jóvenes educadores y científicos latinoamericanos a los lugares de vanguardia del conocimiento ubicados en otras áreas geográficas. Pero también las dinámicas científicas y educativas latinoamericanas han sido receptoras de iniciativas generadas en el exterior de la región, por iniciativas generadas en el marco de lo que se conoce como "imperialismo cultural" (Pyenson 1985), por singulares mecanismos de cooperación científica generados ad hoc o como efecto de diásporas producidas por conflictos civiles en Europa.

Quizás el impacto más notable generado por una masiva y forzada movilidad académica en la ciencia latinoamericana de mediados del siglo XIX fue el generado por la diáspora de exilios republicanos científicos. Sus efectos en el sistema académico y científico de diversos países latinoamericanos empiezan a ser conocidos debido a ciertas monografías y trabajos colectivos (Giral 1994, Puig-Samper 2001, Dosil 2008, Barona 2010; López Sánchez 2013), pero aún quedan muchos aspectos a considerar.

Fue indudablemente el investigador norteamericano Thomas Glick (1992) quien marcó la ruta a seguir en el estudio de esa gran movilidad al apuntar que la llegada de los científicos republicanos desterrados a partir de 1939 produjo un reforzamiento de muchas disciplinas, coincidiendo ese hecho con una significativa toma de conciencia de los científicos latinoamericanos acerca de su labor en sus respectivos países. Los republicanos españoles y judíos europeos refugiados actuaron como "agentes catalíticos" en los sistemas científicos de los países de acogida y representaron, con sus métodos, conceptos y mentalidad profesional "verdaderos injertos en los troncos científicos nacionales".

Aunque el grueso de la elite científica republicana se concentró en México gracias a la generosa política de acogida del presidente Lázaro Cárdenas, los científicos exiliados españoles, entre los que destacaban muchos médicos de la escuela de Cajal, se dispersaron por muchos países latinoamericanos y cultivaron numerosas disciplinas y especialidades (López-Ocón 2003:381-390). Según constatara Glick, dado que el nivel de la ciencia en los países de adopción fue, en general, bastante más bajo que el de los Estados Unidos "la transformación obrada por los republicanos fue verdaderamente singular".

Disponemos de un notable instrumento para profundizar en el conocimiento de las interrelaciones entre los integrantes de la diáspora científica republicana y los miembros de las comunidades científicas de los países latinoamericanos a mediados del siglo XX.

Me refiero a la publicación denominada Ciencia subtitulada Revista hispano-americana de Ciencias puras y aplicadas, cuyo primer número apareció en México D.F. el 1º de marzo de 1940 y el último el 15 de diciembre de 1975, pocos días después de morir el dictador Francisco Franco. Su colección completa, formada por 29 volúmenes y 294 números, ha sido digitalizada por partida doble: tanto por la Universidad de Valencia1 como por la Residencia de Estudiantes2. Algunos de los estudios efectuados sobre ella (Carapeto, Pulgarín y Cobos 2002) han enfatizado su papel de instrumento de la cultura científica republicana. Y en efecto, la revista Ciencia, que fue impulsada en su etapa inicial por la editorial Atlante, fue considerada en su momento "la única obra seria, en cuanto a continuidad y calidad, de las cosas colectivas de la emigración" republicana. (López-Ocón 2013: 129-130).

Pero conviene profundizar en otros elementos de esa significativa iniciativa cultural que han de ser tenidos en cuenta, como ya ha apuntado algún estudioso (Dosil 2008: 142-145). Esas cuestiones serían las siguientes: a) su contribución al despliegue de la ciencia mexicana en la década de 1940, b) su carácter de empresa continental pues se dirigió a un público hispano-americano y c) su afán cosmopolita, pues sus promotores se esforzaron para que la comunidad científica hispano-parlante estuviera al día de los avances científicos generados en el sistema mundial de producción de conocimientos, favoreciendo la interrelación de científicos de diversas áreas culturales.

Para comprender estas múltiples dimensiones de la revista Ciencia, o sus diversos rostros, expondré los contenidos y estructura de su primer número que marcarán la pauta del desarrollo ulterior de la publicación.

La revista se estructuró en siete secciones tal y como apuntó en la presentación de la publicación su primer director, el casi nonagenario Ignacio Bolívar. Este prestigioso naturalista se había embarcado en Le Havre con destino a México "para morir con dignidad", según revelaría a periodistas que le entrevistaron, sorprendidos de que a su edad hiciese el salto trans-atlántico.

La primera se titulaba "La ciencia moderna". En ella se daban a conocer artículos de conocidos especialistas sobre problemas científicos de actualidad con una visión de conjunto, dirigidos a un público amplio.

La segunda daba a conocer "Las comunicaciones originales". Se concebía esta sección como una plataforma para dar a conocer rápidamente las publicaciones de investigadores hispanoparlantes con vistas a que pudiesen obtener la prioridad en sus investigaciones y dispusiesen de elementos de comunicación con los colegas de sus campos científicos.

La tercera sección -la de "Noticias"- procuraba ofrecer amplia información sobre el movimiento universitario, académico y científico de los países hispano-americanos, "reseñando las variaciones en el profesorado y direcciones de centros, los nombramientos, distinciones, fallecimientos, anuncios y reseñas de Congresos, Conferencias, Exposiciones y cursos, y noticias relativas a la actividad de las Sociedades científicas, Academias, Museos y Centros de Investigación de toda índole". Aunque esas noticias estaban destinada fundamentalmente a ofrecer "noticias relativas a Hispano-América, se insertarán otras que vendrán a completarlas, referentes a naciones diversas o a personas, entidades o acontecimientos que sean de interés internacional".

La sección cuarta "Ciencia aplicada" estaba orientada a incluir artículos referentes a problemas de Ingeniería o Arquitectura, o sobre procesos industriales o técnicos. En esa sección se intentó dar cabida a "todas aquellas cuestiones que no ofrezcan un carácter científico puro, y que tan especial interés presentan para los lectores ávidos de conocer los avances de las aplicaciones de la Ciencia en sus más variadas posibilidades".

La sección quinta, "Miscelánea" tuvo como objetivo recoger informaciones científicas diversas relacionadas con problemas vinculados a la enseñanza, cuestiones organizativas de la ciencia, notas biográficas de científicos destacados, noticias sobre centros de enseñanza o investigación, reseña de expediciones. Con buen criterio se ha señalado que esta sección serviría durante treinta y cinco años "como cuaderno de bitácora de la ciencia del exilio", anunciando eventos, proyectos, reuniones, iniciativas institucionales, etc., que involucraban a profesores españoles. (Dosil, 2008: 144).

La sección sexta de la revista, "Libros nuevos", estuvo destinada a ofrecer reseñas de obras de reciente publicación, tanto de carácter general como especializadas. Procuraban tener un carácter informativo, pero si los editores lo consideraban oportuno podían también contener juicios críticos. Su elaboración era responsabilidad del consejo de redacción que en la etapa de arranque de la revista estuvo formado por tres científicos exiliados muy productivos como eran: el entómologo Cándido Bolívar (1897-1976), hijo de Cándido Bolívar; el histólogo Isaac Costero (1903-1980) y el químico Francisco Giral (1911-2002).

En el primer número de Ciencia se publicaron diez reseñas: tres de libros publicados en Estados Unidos; dos en Argentina, y los otros cinco editados respectivamente en México, Brasil, Uruguay, Perú y Francia. Por materias correspondieron cuatro a las ciencias naturales, cuatro a medicina, y dos a química. Y los reseñistas fueron: Isaac Costero (cinco reseñas), Cándido Bolívar (dos), Francisco Giral (dos) y Enrique Rioja, una.

La séptima y última sección de Ciencia era "Revista de revistas". Su objetivo era publicar una selección de notas de trabajos aparecidos en revistas científicas que se considerasen interesantes por su contenido, por tratar de asuntos referentes a América, o por estar redactados por investigadores hispano-americanos.

Para profundizar en la significación cultural de esta publicación conviene prestar atención a los objetivos de sus impulsores entre los que se mezclaban consideraciones iluministas, utilitaristas y pedagógicas, apostando por favorecer la circulación de los conocimientos científicos horizontalmente, entre las diversas partes del planeta, y verticalmente, entre diferentes grupos sociales.

En palabras de Ignacio Bolívar la revista surgió para "difundir el conocimiento de las Ciencias físico-naturales y exactas y sus múltiples aplicaciones, por considerarlas como una de las principales bases de la cultura pública, para lo que procurará, por todos los medios a su alcance, aumentar al interés hacia su estudio en los países hispano-americanos". Su afán era "tener al lector al corriente de los progresos que aquellas [las ciencias] realicen en todos los órdenes, tanto en su aspecto puramente científico como en sus aplicaciones a la Medicina, a la Agricultura y a la Industria, y, en especial, dará a conocer los nuevos métodos que mejoren los usuales para la obtención de productos y puedan ser base de nuevas industrias o aplicaciones de utilización práctica o inmediata". Su preocupación cívica se manifestaba en el hecho de que su aspiración era también contribuir "a elevar el nivel de la cultura pública, en cuanto a lo relacionado con las Ciencias físico- naturales, exponiendo, en lenguaje para todos comprensible, el estado de los problemas de general interés que toda persona ilustrada debe conocer".

Indudablemente la publicación aspiró a convertirse en un nodo de una red de comunicaciones científicas entre los países de la antigua América española, animando las conexiones entre sus científicos, cuestión que Ignacio Bolívar formuló así al finalizar su salutación a los lectores, firmada en México el 15 de febrero de 1940: "Mueveles [a sus promotores] tan sólo su amor a las Ciencias, que de antiguo vienen profesando, y el anhelo de contribuir al progreso y desarrollo de las mismas en los países hispano-americanos, animados del deseo de que rivalicen con los más adelantados, y de que la revista pueda llegar a ser un medio de relación entre cuantos se interesen por estos estudios en América".

Cumplir estos objetivos y lograr estas pretensiones no fue tarea fácil. La revista vivió a lo largo de su prolongada vida una serie de vicisitudes que no es el momento de detallar. Pero quien ojee los índices de sus primeros diez años de existencia3 captará la densidad de sus colaboraciones, y la calidad de sus contribuciones en un momento de despegue de la ciencia latinoamericana como fue la década de 1940, según se demostró con la concesión en 1947 del premio Nobel de Medicina y Fisiología al argentino Bernardo Houssay.

De hecho cuando el Instituto de Información científica Internacional (ISI) de Filadelfia en los años 1960 comenzó a publicar los resúmenes (current contents) de las principales publicaciones científicas del mundo seleccionó un millar de publicaciones para efectuar esa labor. En ese conjunto de revistas solo había en un principio 7 revistas en lengua española de 4 países hispanófonos. Una de esas siete revistas era Ciencia.

De modo que quien quiera aproximarse al conocimiento de la génesis de las movilidades científicas y académicas en lo que constituye actualmente el espacio iberoamericano de educación superior está obligado, a mi modo de ver, a consultar esta publicación impulsada por un puñado de científicos republicanos españoles exiliados que encontraron la inestimable ayuda y colaboración de sus colegas mexicanos y latinoamericanos allá por los años de la década de 1940. Todos ellos contribuyeron a hacer de esta publicación un espacio científico de referencia, que recogió contribuciones procedentes de veintiséis países, sobre todo americanos y europeos, dándose a conocer en sus páginas, por primera vez en español, muchas de las teorías que revolucionaron el conocimiento científico en el siglo XX, como ha subrayado el investigador Francisco Javier Dosil (2008: 142).

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1 http://www.ihmc.uvcsic.es/cienciaexiliados/volumenes.htm 
2 http://www.edaddeplata.org/tierrafirme_jae/revistaciencia/index.html 
3 Se pueden consultar en Índice general de los volúmenes I a X de Ciencia (1940-1950), Ciencia, vol. X, México, D.F., 1951, nº 11-12,      comprendiendo un índice de autores (págs. 323-346) y un índice alfabético de materias (págs. 347-390).

 

BIBLIOGRAFÍA

BARONA, Josep Lluis coord. (2010), El exilio científico republicano, Valencia, Universitat de Valencia, Servei de Publicacions.

CARAPETO, Cristina, PULGARÍN, Antonio y COBOS, José Miguel (2002): "Ciencia. Revista hispano-americana de ciencias puras y aplicadas (1940-1975)", Llull, vol. 25, nº 53, pp. 329-368

DOSIL MANCILLA, Francisco Javier (2008): "Los científicos del exilio republicano español" en Antolín Sánchez Cuervo, coord. Las huellas del exilio. Expresiones culturales de la España peregrina, Madrid, Editorial Tébar, pp. 95-149

GIRAL, Francisco (1994): Ciencia española en el exilio (1939-1989): el exilio de los científicos españoles, Barcelona, Madrid: Anthropos, Centro de Investigación y Estudios Republicanos.

GLICK, Thomas F. (1992): "La ciencia latinoamericana en el siglo XX", Arbor, vol. 142, pp. 232-252.

LÓPEZ-OCÓN, Leoncio (2003): Breve historia de la ciencia española, Madrid, Alianza editorial.

LÓPEZ-OCÓN, Leoncio (2013): "La editorial Atlante: claves de una iniciativa cultural de los republicanos españoles exiliados", en Laberintos, nº 15, pp. 129-155.

LÓPEZ SÁNCHEZ, José María (2013): Los refugios de la derrota. El exilio científico e intelectual republicano de 1939, Madrid, CSIC y Los libros de la Catarata.

PUIG-SAMPER, Miguel Angel (2001): "La revista Ciencia y las primeras actividades de los científicos españoles en el exilio", en Agustín Sánchez Andrés y Silvia Figueroa Zamudio, coordinadores, De Madrid a México. El exilio español y su impacto sobre el pensamiento, la ciencia y el sistema educativo mexicano, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo-Comunidad de Madrid, pp. 95-125

PYENSON, Lewis (1985): Cultural imperialism and exact sciences: German expansion overseas 1900-1930, New York, Peter Lang.

 

BIOGRAFÍA

Leoncio López-Ocón Cabrera es doctor en Geografía e Historia por la Universidad Complutense e investigador científico del Instituto de Historia del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del Consejo Superior de Investigaciones Científicas en Madrid.
Sus investigaciones se han centrado en el estudio de las relaciones culturales y científicas entre España y América Latina en la época contemporánea y en el análisis de la construcción de un espacio público para la ciencia en el ámbito cultural iberoamericano.
En su producción cabe destacar su libro Breve historia de la ciencia española (Madrid, Alianza editorial, 2003), y el impulso, como coordinador de proyectos de investigación, de los sitios web: www.pacifico.csic.es y www.ceimes.es 

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